Hace poco participamos en una actividad de trabajo social con mi clase: una subida al Monte Serantes. Fue una jornada diferente, en la que el objetivo no era solo llegar a la cima, sino disfrutar del camino, del entorno y del trabajo en equipo.

A lo largo del recorrido aprendimos el valor de apoyarnos unos a otros, de mantener una actitud positiva y de disfrutar de los pequeños momentos compartidos. Más allá del esfuerzo físico, fue una experiencia que nos permitió desconectar de la rutina y reconectar con nosotros mismos y con la naturaleza.

Subir al Serantes fue, en cierto modo, una metáfora: cada paso, cada descanso y cada conversación nos recordaron que las metas se alcanzan mejor cuando se camina en equipo

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